21 diciembre, 2014
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La victoria, siempre

* Por Kaloian Santos Cabrera, fotoperiodista cubano,
corresponsal de Juventud Rebelde y Cubadebate, en Argentina.

¡Cuba va!

«Aunque la esperanza siempre estuvo latente, jamás pensamos que un día, de repente, nos despertaríamos con una mirada histórica y diferente del vecino. O sea, no es menor que un Presidente de la mayor potencia militar y económica de la historia, ésa que ha estado asfixiando a una isla con un bloqueo por más de cinco décadas, haga un mea culpa en público, reconociendo que la política de su país hacia Cuba ha fallado durante todo ese tiempo y que entonces ya es hora de restablecer relaciones.

Como la mayoría de los cubanos, me sorprendió la catarata de información que irrumpió en tan pocas horas, pero ya con el canje por los tres héroes cubanos presos injustamente en Estados Unidos y su regreso a nuestra patria, estábamos frente a una gran noticia. Sin embargo, que Raúl y Barack Obama hayan hablado en sus respectivos países, abriendo un canal de diálogo, sin prepotencias de parte de USA y sin negociar con los principios de la Revolución, convirtió a esa jornada en un capítulo histórico. Pues sin dudas representa una victoria, para la Revolución, para su pueblo y para su proceso social.

¿Por qué? Porque alumbra un camino en conjunto, de conversaciones bilaterales, luego de distintos avances frustrados por la prepotencia de las administraciones norteamericanas. Toda la vida nos han querido imponer condiciones, pero nos mantuvimos. Nos mantenemos. Y nos mantendremos, intransigentes en este sentido: los ideales y los principios de la Revolución no se negocian.

Además, este suceso refleja la importancia de una América integrada, que ya no dependa de Estados Unidos como en otras épocas, ni esté condenada al miedo. Ese legado, claro está, partió del pueblo cubano… Ahora, lógicamente, esta apertura no significa que esa relación bilateral vaya a ser perfecta, ni mucho menos, porque el bloqueo continúa, al igual que la usurpación que las tropas norteamericanas sostienen sobre la base naval de Guantánamo. Y tampoco significa que Obama se merezca otro Premio Nobel de la Paz, ni que el Gobierno de Estados Unidos se haya convertido en bueno.

Hay que analizar el contexto para advertir que tomaron esta decisión porque el presente de la región los obliga, porque los propios empresarios estadounidenses exigían la apertura para comercializar y porque posiblemente comprendieron que cada vez están más afuera de la región, de esa Patria Grande que apoya a Cuba por encima de todo.

Nada de todo esto, hubiera sido posible algunos años atrás, porque esa realidad no era tal en América Latina, durante los años 90, cuando todos los gobiernos de la región apañaban el bloqueo, a diferencia del escenario actual, que definitivamente reconoció y fortaleció al histórico posicionamiento del pueblo cubano.

Hoy, la inmensa mayoría de mis compatriotas celebra este resurgir de esas relaciones rotas desde 1961, incluso en Estados Unidos, donde hay más de un millón de cubanos… Ya sin esa generación de retrógrados que huyeron de la isla y luego atentaron contra ella, ahora sus hijos y sus nietos se preguntan: “¿Por qué tenemos que estar desvinculados de Cuba?”. Pues hemos entendido que todos somos cubanos y que los destinos de la isla debemos resolverlos nosotros, con un franco consenso. Además, el diferendo siempre fue de los gobiernos de Estados Unidos y la mafia cubanoamericana con el gobierno de Cuba, y no entre ambos pueblos, ya que muchos emigraron por cuestiones económicas, pero no ideológicas. Y esto es un paso vital también para todos ellos.

Hoy, lo fundamental pasa por sentarnos a dialogar en igualdad de condiciones, tal como le corresponde al pueblo cubano, aunque mucha gente que se decía amiga de Cuba, o representante de la ultra izquierda, salga a decir que “se acabó el socialismo”, o que le soltamos la mano a Venezuela. No, nosotros tan sólo reclamamos que nos quitaran el bloqueo, como lo hacemos hace más de 50 años. Tal vez, esas personas debieran saber que, cuando triunfó la Revolución, fue Fidel el primero que intentó mantener buenas relaciones con Estados Unidos, así como también que el Che Guevara abogó en más de un discurso por la importancia de esas buenas relaciones, desde el punto de vista económico, siempre que no se negociaran nuestros principios. Hasta hoy, del otro lado no buscaban lo mismo…

Luego, sobre esa derecha que proyecta a una Cuba zambulléndose en el capitalismo, no vale la pena ni hablar. Se abren nuevas medidas económicas, que nos permitirán seguir de pie, desde las conquistas que hemos logrado a lo largo de más de medio siglo. Porque también esas críticas de uno y otro lado esconden una subestimación a nuestro pueblo, que ha demostrado su capacidad de levantarse, una y otra vez, hasta en los tiempos más difíciles. ¿O no recuerdan cuando se cayó el campo socialista? La derecha decía que la Revolución se caería al piso, en 72 horas. Y aquí estamos, 30 años después.

De cara al futuro, más allá de la alegría por una nueva victoria política del socialismo, sabemos que viene una parte difícil. Por estas horas, hay más preguntas que respuestas, pero entendemos que debemos afrontar los riesgos, tal como los enfrentamos en 1959. No debemos tener miedo a equivocarnos, ni a los cambios. Y menos aun al cambio de generación, porque tenemos claro que no todo será color de rosa y que Estados Unidos sigue siendo un imperio.

Ahora más que nunca necesitamos estar bien alertas a ciertas penetraciones culturales e ideológicas de índole capitalista que, por desgracia, desde hace un tiempo se manifiestan dentro de Cuba. Tenemos un gran reto y habrá que ser muy inteligentes para estar a la altura de las circunstancias. Pero como decimos en Cuba, estamos curados de espanto, ya que somos ese mismo pueblo que aguantó el periodo especial en los años ’90, cuando el gobierno norteamericano aprovechó la caída del bloque socialista para intensificar el bloqueo y otras medidas hostiles contra la Isla. Por entonces, tuvimos que subsistir día a día, durante casi diez años. Y antes de eso, tenemos una historia que nos apuntala, por haber resistido a todo, sin salir de la senda revolucionaria.

De corazón, siento orgullo de escribir estas líneas y de poder publicarlas a través de La Garganta, ese gran brazo comunicacional del movimiento villero guevarista La Poderosa. Personalmente, conocí por dentro esta fuerza social que, en tiempos convulsos, donde tantos prefieren mostrarse “apolíticos”, se volvió el espacio de lucha que siento como trinchera. Pues aunque pueda sonar grandilocuente, realmente considero que están construyendo una revolución, con ideales de justicia social y recorriendo caminos propios, pero siempre alumbrados por el faro cubano.

¡Hasta otra victoria siempre!».

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