11 diciembre, 2016
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El Capital poderoso

¿Se imaginan a la villa, presentando una película en el más revolucionario festival internacional de cine? Algunos guionistas de toda la burguesía, proletarios asalariados, pero sin alta plusvalía, intentan contar al marxismo como puro teatro, pero nunca cierran la cuenta, porque no están dispuestos a pagar el costo. Y nosotros no podemos pagarlo, no tenemos su conciencia. Tenemos otra. ¿Se imaginan a los patasucias iluminando una alfombra roja, pero roja roja? Algunos directores de toda la mercancía, materialistas históricos, pero con pésima memoria, intentan dirigir al marxismo como puro teatro, pero nunca presentan su obra, porque no están dispuestos a escribir el final. Y nosotros no podemos escribirla, no tenemos su clase. Tenemos otra. ¿Se imaginan un documental de Zavaleta, rodando por La Habana, tras haber sido seleccionado entre 150 mil? Algunos actores de toda la hegemonía, discípulos de la mercancía, pero sin ningún valor, intentan representar al marxismo como puro teatro, pero nunca terminan su escena, porque no están dispuestos a dejar de actuar. Y nosotros no podemos caretearla, no tenemos su fuerza. Tenemos otra. ¿Se imaginan a Kevin gritando, desde Casa de las Américas hasta el teatro Karl Marx? Algunos espectadores de toda la superestructura, dictadores de la acumulación, pero sin relaciones de producción, intentan interpretar al marxismo como puro teatro, pero nunca terminan su crítica, porque no están dispuestos a dejarse criticar. Y nosotros no podemos criticarlos, no tenemos su trabajo. Tenemos otro. ¿Se imaginan a la garganta de Fidel, gritando «Ni un pibe menos»? Debe haber sido nuestra culpa otra vez, por haber entendido todo al revés, sobre la dialéctica del bien para el mal, la tesis del ocaso, la antítesis de la inclusión, la síntesis del destrato y el conjuro del capitalismo.

 

En tal caso, tienen razón:
el teatro es puro marxismo.

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