13 diciembre, 2016
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El sexto Stone

Trepando a las rejas de la estigmatización, levantando las cejas por encima del malecón, andábamos buscando algún chabón estadounidense, capaz de dar la nota del verano, devolviéndole la pelota al cubano. Y justito ahí, nos encontramos con él, que pudo conocer a Fidel personalmente, por haber sido consecuente con ciertos valores que inciertos directores prefirieron negociar. ¿Nos querrá dar su visión sobre la villa? «Para hablar sin información, ya está la prensa amarilla». Ni un rato, «porque no sería sensato», pues lejos de la hipocresía, el silencio se vuelve cortesía para no volverse impostor, ¡y qué favor nos haría el periodismo, si algún día hiciera lo mismo! Pero basta desandar «el largo camino del imperialismo», hablando con la muerte, para poder comprender la «mala suerte» y los desengaños del verso que reventó la matriz: «Los peores daños del universo, los inventó mi país». Con perdón de su propia casa, «ni los chinos, ni los rusos resultan una amenaza», por más que lo repita cada noticiero, porque «no tienen la ciencia, ni el dinero» para subordinar a tantos otros bajo los desmadres de su propia hegemonía: «Nosotros somos padres de toda esa tecnología». Nadie lo puede negar. «¿O quién ha creado la bomba nuclear?».

 

 

Hoy, el cielo y la tierra están en problemas, ante «la ciberguerra» de los sistemas informativos virtuales, «métodos extorsivos, sostenidos por virus intencionales», que no suelen alertar al tono cínico de la televisión, «pero podrían detonar todo el esquema hídrico de Japón». Nos mean y nos dicen que llueve: «Obama lanzó en 2009, un ataque informático contra el pueblo irakí», porque le prometieron que «el origen de la intromisión nunca saldría de allí», pero no duró tanto la veda, ni ese «tan profundo respeto». ¿La moraleja? «Ya no queda ningún secreto». Y entonces nos abocamos a charlar lo importante: «Cómo vamos a extrañar al Comandante», aunque sepa sobrevivir como ninguno, «así como supo predecir todo lo que pasó, desde 2001». No por nada, esa libertad encadenada a la vidriera mercantilista debió clausurar la primera entrevista del director al mejor hacedor de orquestas: «Castro tenía demasiadas respuestas». Pero una vez censurado, el tipo volvió bancado por la HBO, «para hacer preguntas punzantes», sin imaginar «las contestaciones brillantes», que no tuvieron agite, repercusión, ni primera plana. «Y por eso no las repite, la televisión norteamericana». Perdiendo auspicios y paciencia ante los servicios de inteligencia, el grito de «Snowden» se volvió un capital sublime en el Festival Internacional del Cine sin patrón, donde el guión popular se lee tan bien, que no necesita ganar un papel.

Oliver Stone también es Fidel.

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