10 febrero, 2017
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CAMPAMENTO CABA 2017

Mediante el trabajo colectivo y autogestionado, haciendo rifas, ferias de ropa, venta de bizcochuelo, bingo y choripaneadas, 370 personas de las villas 1-11-14, 21-24, 31, Zavaleta, Barrio Fátima y Rodrigo Bueno, viajamos a la localidad de Aguas Verdes ubicada en el Partido de La Costa.

 

Arribamos el sábado pasado al medio día con el sol en la cara y ansias de ver el mar. Para algunos fue nuestra primera vez y para otras, la oportunidad de volver a disfrutar del mar que ya habían conocido durante el Encuentro Nacional de Mujeres dos años atrás.

 

Desesperadas y atolondrados de la emoción, desenfundamos nuestras pertenencias y nos distribuimos en el terreno para organizar la convivencia. Hicimos la mística ronda inicial para mirarnos a los ojos y para tomar conciencia del gran logro: estábamos donde dijimos que estaríamos, en la fecha que habíamos acordado y, todos juntos, caminamos las 12 cuadras que nos separaban del mar.

 

En nuestros bolsos llevamos desde cepillos de diente hasta bolsas de dormir, pero nada fue más importante que la pelota que hicimos rodar apenas llegamos a la playa.

 

Llegada la hora de volver al campamento, la alegría y el orgullo aumentaron cuando, mientras la mayoría se secaba y cambiaba, una decena de hombres y mujeres, cocinaron fideos con salsa y carne picada para todos esos pibes y todas esas pibas. Es que sí, la solidaridad es un valor que en nuestros barrios se halla en cada cuadra cuando hace falta algo, porque tenemos bien en claro que nadie nace solo y que todos, si tiramos para el mismo lado, tiramos más fuerte.

 

A la siesta, nada de ir a dormir, después del festín alimenticio, arrancó la segunda fiesta planeada: bailamos y nos divertimos hasta que bajó la comida y los pies nos pidieron tregua.

 

Todo venía impecable hasta que esa misma noche el cielo se enmudeció por un instante, una tormenta que en pocas horas superó los límites de lo esperado se desató y el silencio previo se transformó en un estruendoso relampagueo.

 

Se nos mojó la ropa, inundaron las carpas y algunas que no resistieron con las estacas el viento las levantó en vuelo.

 

Parecía que la suerte estaba signada, que deberíamos regresar a nuestras casas con el sinsabor de no haber disfrutado todo lo que habíamos soñado las noches antes de viajar.

 

Sin embargo, así como sostenemos asambleas, actividades de educación popular, cooperativas y un medio de comunicación, decidimos sostener lo más difícil en esa situación: nuestros ánimos. Nos salió bien, alguien dijo “¡de acá no nos vamos!”, le hicimos caso, porque tenemos muy claro que el único destino esperado, es el que construimos cuando nos animamos a no bajar los brazos. Y con esos mismos brazos, abrazamos a los que tuvieron que volver a sus casas para no correr riesgo de enfermarse.

 

Al día siguiente, secamos todo con el poco sol que calentaba tibiamente el ambiente y buscamos hacer actividades bajo techo.

 

El temporal nos agarró preparados pero desprevenidos. Al día siguiente la gente del lugar no hacía otra cosa más que hablar de la cantidad de agua que cayó y varios repetían no recordar cuando había sido la última vez que llovió tanto. Según varios informativos hacía años no pasaba lo mismo que esa noche.

 

Al lunes le arrancamos el sol con plena convicción. Jugamos a la pelota y nos metimos a la laguna del camping. Ese día debíamos volver, pero teníamos una sensación extraña, nos habían quitado una tarde y semejante viaje, después que 6 barrios nos organizáramos para que nuestros niños puedan ir al mar, no nos dejó otra alternativa que quedarnos un día más.

 

Cada uno llamó a sus familias, ordenamos la comida de este nuevo día, y desarmamos una vez más los bolsos.

 

Este fue otro episodio campamentista de las asambleas de la Capital Federal de La Poderosa.

 

Otra vez nuestros pibes y pibas de distintas edades, fueron al mar y vivieron el aprendizaje más hermoso y necesario, motor de todas nuestras asambleas villeras: con organización, lo soñado se transforma en realidad.

 

 

 

 

 

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1 Comentario;

  1. Cada viaje tiene su propia identidad aún cuando La Poderosa año con año viaje y haga felices a los niños y niñas, ninguno será igual, que bien que la unidad, la actitud positiva y más enfrentaron a la adversidad y el final fue lo esperado. Ganaron aprendizaje, trabajo en equipo y sobretodo alegría.

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