26 marzo, 2017
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Soledad Barrett en su plaza

*Por la poderosa asamblea del Bº San Juan Bautista, Formosa.

 
 El domingo pasado el corazón de nuestro barrio latió fuerte, como para bombear sangre nueva a toda Latinoamérica. Y se escucharon las voces poderosas de nuestras mujeres, el alboroto feliz de nuestros niños. Y es que, quedaba inaugurado el Parque Popular Soledad Barrett, en el barrio San Juan Bautista de la ciudad de Formosa. Y en su nombre se encarnaba la historia de la resistencia popular,  y su presencia cruzaba esa distancia en la que la dictadura asesina la quiso dejar.
Tenemos nuestro espacio y estuvimos allí cuando tímidamente llegaron las compañeras de Paraguay con sus convicciones intactas, y entre ellas la Sangre de Sole cantando en la voz de su hija Ñaisandy (luz de luna), recién llegada de un Brasil inmenso de lucha.
“Si viviera Soledad, estaría acá”  decía. Y entonces sentimos que nuestra asamblea fortalecía su grito. Porque el sueño de liberación los siembran y es parido por las mujeres, cada día, en la calle, en la lucha, ayer y hoy,  y mañana, siempre poderosas.

 
Y el mediodía se colmó de transparencias concretas, un territorio recuperado, un guiso barrial humeante, un patio de lucha y encuentro, un algarrobo de sombra combativa y la mesa lista.
Soledad Barrett fue Paraguay, Uruguay, fue Chile, Brasil y Argentina, fue de los excluidos, fue de nosotros. Poniendo el cuero y alzando las armas de la revolución, enseñando guaraní en Cuba, poniendo en riesgo su vida, para volver a los talleres con los campesinos en Formosa.

 

 
Una jornada histórica para el Frente de Géneros de La Poderosa Formoseña, con música en vivo, con una ronda de feminismo popular y derechos humanos, de amar la historia de Soledad en las palabras de Ñasaindy. A pesar de los acosos de la patrulla policial, intentando averiguar lo que ya sabían; que los compañeros desaparecidos estaban con nosotros, que la educación popular siempre vence, que la ausencia del estado afila nuestros dientes y nos exige transformar la realidad, que en los procesos de construcción colectiva no hay lugar para la indignidad, que nuestro parque ya es una realidad.

 
Se descubrió el cartel, se cortaron las cintas, nos emocionamos, plantamos con Ñasaindy el árbol de la memoria, un lapacho sencillo de belleza y cargado de aguante.

 
Por un feminismo popular, por la memoria de los 30.000 compañeros, por los muchos muertos y desaparecidos de Latinoamérica, por el empoderamiento de nuestras asambleas, por la reivindicación de la política, por la educación pública, por la fuerza de nuestras apuestas, por la unidad de nuestras luchas regionales, por los signos y símbolos del pueblo trabajador, por la resistencia al embate de la derecha edulcorada y cruel al mismo tiempo, por los derechos humanos, por los niños y niñas creciendo en participación, Nunca más negacionismos, y nunca más farsas pseudorreconciliadoras. Por nuestro Parque naciente y los vecinos y vecinas adentro, 30.000 razones para continuar la lucha. Memoria, verdad y justicia. ¡Hasta la Victoria Siempre!

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