27 abril, 2017
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El periodismo deportivo, también, es libre o es una farsa

Por lo general, a los lesionados de las generales que rigen la normativa anormal vigente nos invitan seguido a dar explicaciones, a dar miedo, a dar rating, a dar ternura, a dar lástima. A dar charlas, no. Pero ayer nos convocó el fútbol, una pelota de argumentos que citó a los padres de todas las letras, porque el periodismo se estaba portando mal. Amuchados ahí, desde la tribuna alta del Centro Cultural Matienzo, lanzaron una bomba de estruendo silenciosa, el quinto número de una revista que no juega para las multinacionales del deporte, ni vende Coca Cola, ni revende las entradas, ni violenta a los violentos, ni convoca a los lectores de culos en tanga. «Don Julio», se llama, para sonrisa de Cortázar y para desgracia de Grondona, que no sólo dejó como legado las cloacas de la AFA y la trata de pasiones, sino también el contraataque poético de los fudboleros y escribidores que avanzan a cappa y laspada contra la estigmatización del juego que se sigue jugando. ¿No lo ven? Acá, dándonos acceso a ustedes, a la calidad, a la belleza, a la felicidad y al acceso, eso, acceso al acceso, porque aun choréandose todo lo que se chorean los proxenetas de una dinámica tan bien pensada, nuestros goles continúan siendo nuestros, aunque nos expulsen del circo televisado y nos quieran eternamente colgados del alambrado. ¡Aquí no se adapta nadie! Ni a cerrar la boca, ni a bajar los brazos, ni a trabar flojito, ni a ganar nuevas derrotas, porque mientras siga venciendo la idea de ganar a cualquier precio, ¡vamos a seguir perdiendo los pobres! Ahora, «el fútbol es el opio de los pueblos»… Pobres, saben poco de fútbol. Y mucho menos saben de pueblos, porque claro que los altos estadios funcionan como shoppings de modernas violencias, cuando confunden las camisetas con los uniformes para empleados de otro negocio redondo. ¿Pero qué cosa no se volvió un producto de mercado, en esta inmensa góndola de personas que miran para otro lado? La salud, la educación y hasta el sexo han sido profanados por la markesina publicitaria que nos espeja como filas de consumidores apostados en la caja boba, mientras un vendedor nos baja el precio más descuidado y un repositor nos acomoda las ideas que han importado. ¿Cerramos todo? No van a seguir jugando con nuestra pelota: si Facebook no mata plaza, auto no mata bici y Wikipedia no mata archivo, Adidas no mata fútbol y Niembro no mata periodismo deportivo. Porque no, nadie puede armar una crónica de ningún equipo sin haber ido esa misma mañana al entrenamiento, pero miles viven escribiendo sobre nuestras villas, sin haberlas conocido ni por el Google Maps. Pero cagándonos a palos, la tele nos enseñó a no generalizar. Anoten, recuerden, háganlo circular: Nacho Fusco y Federico Bassahún editan «Don Julio», un libro con shorcitos de revista semestral, que no sólo recrea historias abajo del pedestal. Las crea. Las libera. Las llena de aliento con olor a vestuario, para demostrar que los potreros no caben en el diario, ni adentro de ningún ataúd.

Y que todos los inadaptados de siempre gozamos de buena salud.

 

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