23 septiembre, 2017
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Santiago de Cuba

 

 

 

La húmeda frente del cuerpo humano, el confidente del pueblo cubano, el arqueólogo de la inspiración, el psicólogo de la Revolución, continúa en gravísimo estado, sí, ¡el Malecón está clausurado! Se deberá restaurar.

Y no, hoy nadie se puede asomar al mar, ni espiar esa garganta del sinsonte que vomita olas de fuego, porque el horizonte quedó ciego después del huracán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Y entonces qué dirán? Que pudo arrasar con La Habana, pero no pudo silenciar a esa caravana que aturdió toda la semana, ni a los villeros, ni a los habaneros, ni a la potencia atragantada, ni a la experiencia en Casa Tomada, ni al pellejo más humano de las conciencias internacionales, ni al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, ni a las masas periféricas, ni a la Casa de las Américas, ni al Che Guevara de la utopía, ni a una tal Haydée Santamaría, ni al maestro del ideario martiano, ni a nuestro plenario latinoamericano, ni a esa pregunta plurinacional, que se responde desde abajo del tornado: ¿Qué carajo hicieron con Santiago Maldonado?

 

 

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