4 mayo, 2018
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¡Hágase la luz de una vez!

En el Madres a la Lucha nos abrazamos mucho e intenso, en gran parte por el frío que nos cala los huesos. El calor lo aumentamos organizándonos en asambleas para comenzar a resolver los problemas que el Estado en 11 años no ha solucionado, como el de la luz que es un servicio esencial.

 

 

Mientras a más de 3000 kilómetros de acá debaten los tarifazos de servicios en estrados muy cómodos y calentitos, con el apoyo de sus socios periodistas que nos acusan de tener veredas calefaccionadas y de andar «casi en cuero» como dijo Frigerio, lejos estamos (están) de nuestra realidad y la inventan.

Desde 2007 que vivimos en nuestro barrio, el Madres, y desde entonces carecemos de los servicios básicos. Mejor dicho, tenemos la luz y el agua solo porque lo conectamos nosotros mismos con materiales y mano de obra vecinal, que conllevan un riesgo logico y que nos generó pérdidas a algunas de nuestras casas, en algunos casos parciales y en otros totales.

 

 

El problema se genera debido a que un solo transformador proporciona electricidad a todo el barrio Madres a la Lucha y parte del barrio Juan Pablo II. Por eso necesitamos dos transformadores y la única respuesta a nuestra urgencia es indiferencia.

 

Nuestra realidad en el sur nos obliga a calefaccionarnos con luz, las garrafas de gas tienen un costo de trescientos pesos cada una y se utilizan a razón de tres garrafas por semana, el total de gasto en gas por mes para cada familia es de cuatro mil pesos. Vivir acá es convivir confrío y humedad intensos, y nos obliga a tener que usarlas todo el tiempo

El año pasado formalizamos el reclamo a Servicios Públicos Sociedad del Estado, única empresa provincial encargada de proveer la luz, pidiendo un transformador más. Su actual titular, Ingeniero Lucio Tamburo, jamás nos respondió.

 

 

La empresa nos brinda la mano de obra ¡sin los materiales! Esto representa un gasto de dos y tres mil pesos. Por eso resolvimos salir a recorrer el barrio a pesar de las temperaturas heladas, tocando puertas y juntando dinero colectivamente para un fondo común destinado a la compra de los mismos.

Seguimos haciéndonos escuchar, y si están cansados de nosotros, ¡que nos den una solución pronta y digna!

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