6 septiembre, 2018
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La Cátedra Villera

 

 

Históricamente negados a ser siquiera consumidores de sus saberes jerarquizados, y más aún a ser productores de sus análisis encumbrados, o a opinar sobre sus safaris académicos que extraen nuestras experiencias como si fueran marfil, nos paramos en lo más bajo de la matria y en lo alto de ningún atril para repetir la primera línea de nuestro libro de quejas…

 

 

¡Abran bien las orejas!

 

 

Con la afición amarilla a reducir la partida presupuestaria de la enseñanza universitaria y a ningunear la educación pública, priorizando la privada, no caímos en la pavada ni en la falsa dicotomía de lo importante versus lo urgente: el pobrerío se convirtió en docente. Una clase parida en el barrio, que alumbra una comunicación con su propia agenda, sin aceptar ninguna prebenda ni un periodismo embustero.

 

 

Es hoy, es acá, es ahora…
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