4 septiembre, 2018
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«Presidente, ¿se imagina cómo fue mi último mes?»

 

*Por Diego Rodríguez,
hermano de Rubén, fallecido en la escuela N°49 de Moreno.

 


 

El domingo se cumplió un mes desde que estamos de luto. Lo que pasó no se trató de un “accidente”: la explosión, completamente evitable, fue otra consecuencia del ajuste, como le ocurrió al nene de 13 años que asesinaron durante el saqueo en Chaco. Cada mañana despierto sabiendo que mi hermano ya no está, sintiendo que vivo una pesadilla, deseando que sea mentira su muerte y recuperable el daño.

 

¡No se imaginan cuánto lo extraño!

 

Ayer marchamos una multitud por las calles de Moreno para visibilizar que esto no ocurrió por una simple fuga de gas… ¡Sucedió por un abandono total del Estado! De hecho, todas las escuelas de la zona tuvieron que cerrar por los mismos problemas con el gas, la electricidad o la crisis edilicia en general. Sabían del problema por haberse denunciado previamente, pero prefirieron mirar para otro lado.

 

Nosotros actuaremos a la inversa: miraremos al frente. A sabiendas de quiénes son los responsables, no vamos a parar hasta que se haga justicia.

 

Escuchar al Presidente decir que los últimos fueron de los “peores cinco meses de su vida”, me hace pensar que no sabe lo que en realidad es duro. Entonces, me atrevo a preguntarle: Si para usted fueron difíciles, ¿se imagina cómo habrá sido para nosotros? Sinceramente, fueron los 30 días más dolorosos de mi vida, mientras la administración nacional y la gobernadora María Eugenia Vidal aumentan nuestro dolor con su ausencia día a día.

 

No quieran engañarnos con sus falacias, con el cuento de que “esta será la última crisis”. ¡Vean lo mal que está la gente! ¡Vean lo mal que están los barrios! Ya ni siquiera podemos comprar el pan, hay cada vez más gente que no puede llevar un plato de comida a la mesa. Nos mienten desde que comenzaron su gestión. Y está a la vista que no les interesa cómo nuestros chicos estudian en escuelas que se caen a pedazos.

Esta situación no da para más…

 

Aunque me dé terror que otra familia pase por algo similar, debemos continuar con el legado de Sandra y de Rubén: luchar y luchar, por una enseñanza pública de calidad.

 

Seguiremos de pie, sin claudicar, recordándolos como símbolos de esperanza y humanidad.

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