21 julio, 2019
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A donde vayan los iremos a buscar

 

 

* Por Sofía Ibarra, hija de Cristina «Beba» Rodriguez, asesinada por su ex marido, el policía Hugo Orlando Ibarra.

 

En noviembre del 2018 mi mamá se separó de Hugo Ibarra, suboficial de la comisaría de Marcos Paz, tras 28 años en matrimonio. Él presentó su retiro un mes después pero aún se encontraba a disposición de la fuerza. Él ejercía mucha violencia verbal, psicológica y económica sobre toda la familia. A mi hermana Adriana, le decía que tenía una «sangre de mierda» solo por no ser su hija. Mi mamá le tenia miedo pero no le gustaba admitirlo.

 

Dejaba siempre su pistola sobre la mesa, no se sacaba la gorra ni adentro de su casa: su frase de cabecera era «primero la Policía, después la familia», literalmente. Recuerdo que contaba cínicamente cómo cagaba a palos a los pibes que levantaba en las razzias, decía que a un detenido con una herida de bala le hundía una birome para verlo sufrir. Lo que a cualquiera le daba escalofríos, a él le daba placer y orgullo. Crecimos en ese contexto, pero cada uno elige quien quiere ser, yo me quedé con la bondad de mi mamá. Ella trabajaba en el Hospital de Marcos Paz, era conocida por su vocación de servicio, movía todo por salvar vidas, su humanidad siempre pudo más.

 

Un día «Beba», como la llamaban en el barrio, fue a buscar algunas cosas a la casa, él la empujó al grito de: «no te voy a soltar, vos no me vas a dejar». Yo entre a la casa con un cuchillo en la cintura, lo corrí y me la llevé. Le dije: «antes de tocar a mi mamá vas a tener que pasar sobre mí» y él desafiante asintió. Ahí comenzó un hostigamiento insoportable. La llamaba amenazándola, la perseguía y controlaba cada uno de sus movimientos. Ella hizo tres denuncias en la comisaría de la Mujer de Marcos Paz, le dieron la perimetral pero omitieron un detalle: que se trataba de un policía recién retirado y armado.

 

El 10 de mayo se apareció en la casa de mi hermana decidido a matarnos. Al gritarle que estaba violando la perimetral me aseguró: «a vos te voy a matar, hija de puta». Ese día le contesté: «vos no sos más mi papá, Hugo». Vino la policía y más tarde le notificaron a mi mama que «se procuraría el secuestro del arma». Ocho días después, la mató con esa misma pistola.

 

El sábado 18 de mayo era la fiesta de 15 de mi sobrina. Sabía donde encontrarnos y en la mismísima entrada del salón, se acercó por detrás, le puso el arma en la cabeza y le dijo: «viste que te encontré hija de puta» y gatilló. Entre los gritos y forcejeos preguntó: «¿Dónde está la hija?», iba con el cargador lleno, iba por todas.

 

Desde el patrullero Hugo me miró a los ojos, desafiante, victorioso que había cumplido su promesa.

 

Ahora se dictó la prisión preventiva, y la causa fue caratulada como homicidio agravado por el vínculo. Está radicada en la UFI N°2 de Mercedes, a cargo del Fiscal Sebastián Villalba.

 

A dos meses de su femicidio, marcharemos desde la plaza San Martín de Marcos Paz, exigiendo que se aparte a la policía bonaerense de la investigación y gritando con el corazón en la mano: ¡justicia por mi vieja!

 

 

 

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