28 agosto, 2019
, Entre Ríos

Dijimos Nunca Más

 

 

 

* Por Natalia Centurión, madre de Fernando C. de 16 años, torturado por la policía de Entre Ríos.

 

Hace exactamente un mes, el pasado 27 de julio, cerca de las 21:30 horas, Fernando había ido a la Comisaría de Santa Elena a acompañar al tío de su novia para hacer una denuncia. Mientras lo esperaban en la puerta, un policía que se encontraba en un móvil lo vio escupir al piso y no tardó en reaccionar violentamente. Luego de discutir con él, se bajó del auto, lo tomó del cuello y comenzó a golpearlo en la cabeza. Enseguida, otros tres agentes bajaron del mismo patrullero e ingresaron a Fernando a la Seccional por la fuerza y sin ninguna justificación.

 

Una vez adentro, lo colocaron boca abajo sobre una mesa y, mientras le tenían los brazos para que no pudiera moverse, entre ocho policías comenzaron a darle puñetazos y patadas en las costillas y en la espalda. Lejos de terminar la pesadilla, unos minutos más tarde lo trasladaron a un pasillo oscuro dentro de la misma Seccional, donde continuaron golpeándolo hasta que cayó al piso y se lastimó la frente. Y como si fuera poco, uno de ellos le dijo «bajate los pantalones» e intentó manosearlo.

 

Al tío de la novia, luego de que advirtió esta situación, lo encerraron en una oficina y lo amenazaron con que si hablaba iba a haber golpes para él también, mientras que la novia de Fernando, cuando intentó defenderlo, fue tomada del cuello y golpeada en la nariz. Al no poder evitarlo, fue corriendo a buscar la ayuda de la abuela de su novio.

 

Cuando lo vimos en el hospital no lo creíamos: rengueaba, tenía grandes hematomas en la cabeza, brazos y costillas. Le hicieron mucho daño, está asustado, no quiere salir y no quiere ir a la escuela. Encima de todo, el médico de guardia que lo atendió nos dijo que esto servía «para que aprendan a respetar», como si eso fuese el respeto. Recién cuando volvimos a casa nos pudo contar lo que le habían dicho: fue amenazado con que si hablaba lo iban a encontrar en la calle y a matar a palos.

 

Fernando tiene 16 años, está en segundo año del colegio y juega al fútbol; nunca me había imaginado el dolor de tener que escucharlo decir «yo pensé que me iban a matar». Por más que los recursos no nos sobren, hay algo que tenemos claro: queremos seguir hasta las últimas consecuencias y que se castigue a los policías responsables para que esto no vuelva a pasarle a ningún pibe, Nunca Más.

 

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