22 abril, 2021
, Perú

«LUCHAMOS POR LA TIERRA DESDE LA AUTOESTIMA CULTURAL»

 

* Por Melania Canales Poma, presidenta Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP)

Nuestra resistencia viene desde hace más de 500 años y la lucha que damos es esencialmente por la tierra; ya que allí habitan nuestros saberes, nuestras prácticas ancestrales. Sabemos que sin la tierra no hay vida, que el bienestar de la Madre Tierra es también el nuestro. De esto dependen las futuras generaciones. Entonces, esta lucha también es para defender la vida del planeta y no solo del ser humano. 

Con la llegada de los españoles nos despojaron de nuestros territorios y nos sometieron a la esclavitud. Por eso luchamos para recuperar lo que les arrebataron a nuestros ancestros. 

Los pueblos y las mujeres indígenas existimos desde antes de la República del Perú, antes de la llegada de los invasores y seguiremos aquí, luchando. En la actualidad se ve presente la resistencia de los pueblos indígenas, que aún nos mantenemos de forma colectiva, organizados en comunidades campesinas y nativas. Nuestros territorios están siendo amenazados día a día por el despojo de diversas formas. 

Teníamos, antes de la conquista, un sistema económico y alimentario que tiene que ver con la soberanía alimentaria, producir nuestros propios alimentos y no depender de los empresarios. El sistema capitalista y colonialista ha ido destruyendo nuestras formas y prácticas ancestrales, que debemos revalorar y recuperar. Reflexionamos mucho estos temas desde una perspectiva de derechos, porque queremos ser independientes. Si los pueblos indígenas aún existimos después de 500 años desde la invasión, si sobrevivimos a la explotación, la esclavitud, la alienación y la colonización, es gracias a la resistencia y a la soberanía alimentaria que sostenemos.

Yo vengo del pueblo quechua, que ha tenido un desarrollo agrícola muy avanzado con sus propias tecnologías. Mucho de eso fue destruido por los colonos. Desde que se instalaron en América los invasores hemos sufrido la violencia, especialmente las mujeres, a quienes sometieron nuestras tierras y nuestros cuerpos. En el Perú, en 1969 se realizó la reforma agraria impulsada por Juan Velazco Alvarado que no se llegó a implementar completamente. Hoy tenemos grandes latifundios y empresas que acaparan grandes porciones de tierra. Las obras del gobierno son para beneficiar a esos empresarios, como Chavimochic, la represa Gallito Ciego o los campos de la Leche Gloria. Ahora se está implementando con fuerza una mayor concentración de terrenos y la lucha por un territorio colectivo se está debilitando, ya que se fraccionan las propiedades con el apoyo de las leyes, que apuntan a simplificar a los empresarios la compra de esas tierras. Es preocupante debido a la falta de leyes que protejan la propiedad colectiva de la tierra. 

La lucha por la tierra, por la reforma agraria, se venía organizando desde antes de Alvarado. Es difícil, pero es posible una reforma agraria real. Tenemos que construir procesos para lograrla. El sistema capitalista tiene mucha protección, incluso desde las Fuerzas de Seguridad. Los gobiernos, en general, son condicionados por los grandes empresarios. Nosotras luchamos por recuperar ese territorio colectivo, para que las personas lo puedan trabajar para su subsistencia. 

Sabemos que, para cambiar la realidad actual, primero debemos hacer la revolución en nosotras, en nuestras vidas. Tenemos que descolonizarnos, dejar de estar asimilados por la cultura occidental, tener autoestima cultural, valorar lo nuestro y no despreciarlo, por lo que llega de afuera. La revolución tiene que darse desde nosotras, desde los pueblos y eso significa tomar conciencia de quiénes somos, del racismo y el clasismo en el que vivimos, como hombres y mujeres. También del machismo que existe, porque ahí está el origen de las grandes desigualdades que sufren nuestros pueblos y que tienen que terminar. Tenemos que pensar colectivamente; pensar que lo que le pasa a mi hermana, a mi hermano, puede pasarme también a mí y a la inversa. Salir de esta situación en el que uno acumula riqueza y otro muere de hambre, donde no todos tenemos los mismos derechos. Todo comienza con tomar conciencia, es ahí donde empieza la revolución.

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