29 diciembre, 2007
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Diversión popular

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Quizá sea porque los autitos siempre chocan antes de llegar a destino, en pistas que en realidad no tienen destino. O tal vez sea que la vuelta al mundo no es tan grande como para abarcar a todos, en un mundo dado vuelta. O a lo mejor suceda que tantas luces nos encandilan para sentir menos el vértigo de la montaña rusa, entre tanto barco pirata, con el mareo propio de unas cuantas tasitas que nos obligan a cerrar los ojos y, entonces también, a despreocuparnos de los autos que chocan, los mundos incompletos y los laberintos del terror.

pdc1.jpgPor las dudas, seguimos apostando a recorrer los caminos sobre La Poderosa, con los ojos bien abiertos, para que la diversión sea Popular, como nuestro fútbol, como nuestra educación. Así, sujetos por los lazos de la lucha anónima y voluntaria, llegó otra parada imprevista en el camino del trabajo comunitario. Invitadas a modo de reconocimiento, por el esfuerzo de toda una temporada, las categorías menores del Fútbol Popular de la villa 31 de Retiro y de la villa 21 de Barracas compartieron el cierre de año junto al grupo de chicos de Educación Popular de Zavaleta, que sostuvo a lo largo de cada jueves del 2007 un espacio de recreación, juego y fantasía, que dio vida a títeres, abrazos, instrumentos y sonrisas, en una biblioteca que sigue incubando sueños.

pdc4.jpgTodos juntos, 50 chicos de 5 a 12 años de los tres grupos, disfrutaron una jornada larga e inolvidable en un parque de diversiones, que abrió sus puertas para que sigamos creyendo que no hay cerraduras inmunes a la fuerza del compromiso colectivo. Todo se resolvió como siempre, entre todos, desde el modo de viajar, algunos en tren y otros en colectivo, hasta la idea de resolver la comida con viandas compartidas, y la decisión de volver a casa, por supuesto a última hora, cuando ya el pelotero se había rendido, desinflado hasta el piso, y las tasitas pedían licencia.

De todos modos, lo conflictivo no fue la hora de volver, sino la hora de partir, cuando el agua amenazaba la salida, y una suspensión nos obligaba a postergar la visita hasta marzo. En Barracas, la espera se vivía bajo la llovizna, atrincherado el equipo en una esquina. En Zavaleta, los chicos iban cayendo a las corridas entre charcos al comedor, para empujar por un ‘sí, vayamos’. Y en Retiro, desde las 7 de la mañana, se especulaba con el pronóstico, a punto tal que a las 9, una de las voces más bajitas se animó a afirmar que “sí, llueve, está bien, pero sólo en Retiro, porque allá está re lindo”.

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No había varias opciones, sólo dos. Salimos o salimos. Y al final, decidimos que salíamos. Todos: Zavaleta, Barracas, Retiro y el sol. También, como para no salir, con semejante presión. Copamos el parque, y al llegar, Claudio advirtió: «Acá sí que, como dice la tele, el tiempo vale oro». No paramos de reírnos, ni un minuto, ni en el show de magia, ni en el espectáculo de baile… Bah, algún minuto sí paramos. Entiéndase: cuando la ballena subió demasiado alto, cuando el barco pirata amenazó escupirnos, cuando el samba nos hizo temblar, cuando las hamacas se desubicaron de alto, cuando el cocodrilo nos mareó hasta el suelo y cuando el pulpo nos revoleó por todos lados. En resumen, eso sí, el balance fue positivo. “Estuvo muy bueno”, sentenció Lautaro, de Barracas, y su compañero Mario aclaró que “todo, salvo la montaña rusa, que parecía muy peligrosa…”. No por peligrosos, Johana manifestó que “todos los juegos estuvieron mortales”. Y vale como constancia, un cruce de comentarios entre Claudio y Leo, de Zavaleta, a la vuelta en el micro.

Leo: A mí me gustó cuando el mago desapareció del escenario y apareció en cualquier lado.
Clau: A mí también me gustó eso. Me pregunto cómo habrá hecho.
Leo: Sí, ¿no? ¿Cómo habrá hecho?.
Clau: En realidad, yo sé. El que apareció entre el público no era él, sino que era un muñeco disfrazado de él, con su voz repetida, ¿entendés?.
Leo: Sí.
Clau: ¿Esa fue la parte que más te gustó del día?
Leo: No, lo que más me gustó fueron todas las partes.

pdc8.jpgVolvimos juntos, como salimos, algunos en tren y otros en colectivo, pero con una sonrisa sellada en la cara, que no pudo evitar el pronóstico pesimista, ni el señor que se olvida de anotar a nuestros barrios en la guía T y en la diversión alambrada. “Este año, voy a ir todos los jueves a recreación”, concluyó Osmar, inflando con su compromiso nuestra esperanza. Sin ponerle precio al trabajo de base, seguimos adelante, demostrando y demostrándonos que luchando juntos, para que los pibes jueguen, difícilmente nos harán chocar en pistas sin destino. Y no habrá mundo que nos pueda ignorar.

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