5 octubre, 2009
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Plaza de la revolución

Zavaleta se ilumina por América Latina.Con sólo cuatro años, Kevin está haciendo una plaza. Su adiós, mucho más temprano que un adiós soportable, sacudió a Zavaleta por el curso de un disparo que alteró para siempre el curso de una niñez, obligando a reflexionar sobre las vidas perdidas que suelen estar delante y detrás de las balas perdidas. La muerte de Kevin es consecuencia de la misma exclusión que puso esa pistola en una mano expropiada al cerebro, desconectada del corazón y gobernada por la pasta base. Llamarán justicia o injusticia a la fortuna o infortunio de hallar al autor material del asesinato, pero de la injusticia que incuba a los materiales que matan, mejor no hablar. Acertado como pocos, el calificativo ‘material’ para el ejecutante del gatillo pone en un mismo plano al arma y al objeto que la dispara, despojado posiblemente de su condición de sujeto algún tiempo atrás. Y el autor intelectual, el genocida de los pueblos, está ahí, subyace, inmune, soberbio, en cada esquina donde la vida es un negocio, sobre la tierra del lucro individual, aunque el aire se llene de humo y el agua se llene de fuego.

Las asambleas semanales de vecinos de La Poderosa en Zavaleta tomaron un rumbo mucho más concreto, mucho más directo, cuando las lágrimas de Kevin, por Kevin, para Kevin, llenaron el tanque. Nos propusimos comenzar a trabajar todos juntos en una plaza del barrio, hecha por los vecinos, para los vecinos. Al fondo de la tira 6, sobre el amplio terreno descampado que rodean decenas de casas, empezamos a soñar. Y a sudar. Nos abocamos a vender cientos de rifas y a elaborar un plan de trabajo voluntario que nos permitiera inaugurar en un mes un nuevo espacio de contención para los pibes, ideado sobre los cimientos de la unidad latinoamericana, graficada como nunca en los brazos y brazas que este fin de semana se pusieron a laburar.

Posiblemente no le vaya a interesar esta historia a ningún noticiero de esos que sólo se preocupan por libertad de prensa cuando los pone en jaque la amenaza de una ley. Y quizá sea ésa, la mayor señal que tengamos del sistema para confirmar que vamos bien. Tras varias semanas de consensos y proyectos para iniciar las obras, se recolectó con la venta de rifas buena parte del dinero necesario para poder arrancar. Antes del amanecer del sábado, salimos finalmente a la cancha para instalar los tubos del nuevo desagüe y, antes del atardecer, se cumplió la misión. Pero la gran jornada de trabajo voluntario nos esperaba el domingo, tras una convocatoria masiva de grandes y chicos.

Trabajo voluntario.No bien terminado el desayuno, en la ronda de organización se estableció que la mañana fuera de los pibes. Con sus manos y sus cabezas empezaron a pintarse los murales que rodearán a la plaza, en los frentes de las casas aledañas. Queríamos plasmar una escena que nos integrara a todos, que nos representara a todos, que nos encantara a todos. “Somos de distintos países, como Paraguay, Argentina, Bolivia”, explicó Tomi, con sólo 5 años, pero al instante aclaró que “igual, este continente se llama Zavaleta”, para no dejar dudas acerca de qué hablamos cuando hablamos de integración regional. Y así empezaron a llover las ideas, hasta que ahí quedó el dibujo de la primera obra de arte barrial: un mapa de nuestra patria grande, conformado por las manos pintadas de todos, bajo los rayos coloridos de un sol inmenso, que protege dos consignas inapelables: “Zavaleta se ilumina por América Latina” y “Somos todos vecinos latinoamericanos”.

Los dedos se llenaron de pintura, cerca del mediodía, y se llenaron de guiso popular, unos minutos después. Primero limpió el trapo; después limpió la lengua. Y entonces sí, llegó el turno de los adultos. Palas, picos, rastrillos y carretillas sirvieron para limpiar hasta la última piedrita del terreno, que luego se emparejó con una camionada de tierra. Así, entre transpiración y emoción, volvimos a una ronda a las 6 de la tarde, para consensuar el plano definitorio del predio, previo a planificar la ubicación de los canteros y la plantación de los árboles, que se realizará el fin de semana próximo. Vendrán los juegos el sábado siguiente: tobogán, sube y baja, tambor, hamacas y pasamanos serán los reyes del arenero, junto a una canchita de vóley que se llenará de ilusiones, de unidad y de conciencia, para seguir edificando una América Latina bien latinoamericana, mientras combatimos al monstruo de la injusticia y la desesperanza, inundando una plaza con toda la vida que nos dejó Kevin.

Manos a la obra.

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