13 septiembre, 2016
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Todas nuestras fuerzas

Hay una familia gritando hace 3 años, pero no se escucha bien: no falta lucha, falta que grites vos también.

 

Cambiando el dolor en resistencia y la impotencia por dignidad, el domingo copamos el Ministerio de Seguridad, con todos los nuestros, para compartir su día con los maestros, denunciando la cofradía del Estado con el crimen organizado. Y una silla vacía de sexto grado. Podríamos describir todo el contexto, rescribir mil veces este texto o insistir hasta abrumarte de datos, pero nunca podríamos prestarte los zapatos que se calza Roxana cada mañana, desde la madrugada que pautaron otra zona liberada. Ni estaban “desorientados”, ni cometieron “desaciertos”. Con los ojos cerrados, con los ojos abiertos, tratá de imaginar que te toca ese lugar, sin pensar en propios, ni extraños. Pensá en tu nene de 9 años. Olvidate de nosotros, de todos los otros, de la pantalla, de la métrica, de las rimas, de la tele, escuchá, escuchá los gritos, carajo, escuchá esos pasos en el techo, ese tiro, otro más, ¡llamá!, llamá al 911 la concha de la lora que se van a cagar a tiros acá, ¡ya llamé!, otra vez, otro tiro, preguntan cuántos son, ¡no tenemos la más puta idea!, tirostirostiros, ¡se están tiroteando en la puerta!, gritos, tiros, ¡agachados chicos!, más tiros, tiros, ¡Kevin dónde estás!, no vienen, ¡no salgan!, abajo, ¡estoy debajo de la mesa!, llegó prefectura, otro tiro, ¡sonó un handy!, “negativo, no se registran detonaciones”, otro tiro otro tiro otro tiro, “que se maten entre ellos”, silencio, motor, silencio, gritos, tiros, ¡vinieron y se fueron!, llamalos de nuevo por favor, tiros, escondete mi amor, tiros, ¡no se asomen!, tiros, ¿hijo, estás bien?, tiros, ¡tengo miedo!, tiros, me hice pis, tiros, ¡basta por favor!, basta, ¡Kevin, mamá!, sangre, tiros, vidrios, ¡le pegaron, mamá!, le pegaron a Kevin, ¡llamá a la ambulancia!, no van a venir, ¡tiene sangre!, un tiro en la cabeza, ¡hijos de puta!, me lo llevo, cuidado, mamá, ¡cuidado!

 

Llegaste al hospital, con masa encefálica en los antebrazos.

 

La Prefectura volvió, para las pericias.

 

Robó 200 pesos de tu cajonera y un teléfono celular.

 

Tu nene está en la morgue judicial.

 

Una semana después, la tele no dice nada. Tres años después, la Justicia no dice nada. Y ahora, hoy, martes 13, mientras intentás abrir los ojos, con los ojos cerrados, ese prefecto procesado, Daniel Andrés Stofd, sale a la calle con un arma, una chapa y un sueldo pagado por vos. No compraste un arma, no querés venganza, querés justicia. No salís a matar, salís a pegar afiches. Viene un patrullero. Un patrullero. Viene. Y te hace una contravención, “porque eso no se puede”. Hace falta cambiar, claro que hace falta cambiar las Fuerzas, pero las Fuerzas cambian si cambia la política y la política cambia si cambiamos nosotros, si finalmente somos capaces de explotar las calles para denunciar a la razia policial en las villas, con el mismo ímpetu que marchamos unidos por el tarifazo, aunque no sume adeptos, aunque no sume plata, aunque no sume votos. Porque sí, pagar la luz se hace difícil, pero pagar la vida de tu nene se hace imposible: mientras siga valiendo ganar a cualquier precio, seguiremos perdiendo los pobres. Y sí, sus Fuerzas se llaman militares, se llaman guita, se llaman merca, se llaman empresarios, se llaman funcionarios, se llaman laboratorios, se llaman embajadas. Pero nuestras fuerzas se llaman Kevin.

 

No van a poder.

 

Por el resto de sus vidas, deberán verlo crecer.

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