30 diciembre, 2016
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Cortocircuito burocrático

*Por Nelson Santacruz, comunicador de la asamblea poderosa de la Villa 21-24
 
 
En el invierno de este año, producto del uso de velas por los recortes programados de las empresas eléctricas, se nos quemaron más de una decena de casas en toda la Villa 21-24 de Barracas. En este año nuevo, no nos sorprenderemos si en algunos sectores nos cortan la luz.
 
 
A las 4 la madrugada de hoy, dos vecinos murieron calcinados en su propia casa por un cortocircuito. O quizá haya sido el humo, el que se los llevó antes. Los pasillos iluminados de terror atrajeron a todos en la impotencia. Menos a los bomberos, que llegaron 40 minutos después a apagar la muerte, pero no lo lograron. Francisca Alarcón y Jorge Balbastro ya se habían ido hace rato. 
 
 
 
 
Francisca era una mujer muy querida. Una trabajadora de la economía popular que buscaba de donde no había unas ropas para poder vivir. Vendía prendas donadas y cuando a alguno le faltaba algo, ella lo regalaba. 
 
 
La industria del miedo de los medios de incomunicación hizo que Jorge, herrero de profesión, pusiera triple candado y puerta de hierro forzado para proteger su morada. Ante los ojos de todos las vidas mismas se consumían. Los cableríos siguen impecables, colgando hasta el suelo, las telarañas desparramadas decoran nuestras ventanas y los postes inclinados se agachan y sacan su sombrero para saludar a Larreta que aún no escuchó la emergencia eléctrica declarada por la Justicia desde hace 6 meses. 
 
 
Para nuestra mala suerte esta madrugada sí tenían luz. Muchos culparon a la vela y no… Ellos no prendían a santos, porque eran evangélicos. El cortocircuito los mató. Ese que chispea eternamente en el seno de la burocracia asesina.
 
 
 
Pero no se trata de que hoy no se acercara ni siquiera Asistencia Civil, ese tal UGIS o Edesur. Se trata de que esto se pudo evitar.
 
 
En la última Mesa de Emergencia Eléctrica a cargo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, los vecinos nos volvimos a ver las caras con las empresas eléctricas, el gobierno de la Ciudad y demáses el 1 de diciembre de este año. No sólo no se comprometieron a dejar de cortar programadamente la energía sino que nos recomendaron “ir guardando las velas en un cajón”, como un anticipo satánico de los infinitos cortes. Si esto le parece chiste, los transformadores que faltan para la 21-24, recién “estarán listos para agosto del 2017”, un trámite que ya lleva 3 años.
 
 
Nuevamente un verano y un invierno a nuestra hacinada rutina provisoria. Casas que se seguirán quemando, trabajadores que quizá sigamos perdiendo y vecinos a quienes soñemos. Porque esto es producto del Estado; de la falta de urbanización. Es producto del silencio doloroso de nuestras heridas del eterno olvido a los descartados de la nación.

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