15 noviembre, 2017
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«Me da bronca tanta impunidad»

 

*Por Yolanda Cáceres, víctima de violencia por parte de Prefectura Naval

 

El viernes 10 de noviembre, a las 15:30 horas, en Zavaleta, estaba muy tranquila en mi casa tomando mate cuando llegó mi nuera para avisarme que la Prefectura quería detener a Eliseo y Carlos, mis hijos, y a un amigo de ellos. No sabíamos por qué estaban haciendo eso, así que fuimos al lugar, que era a la vuelta de casa y con mucha angustia vimos que cuatro prefectos los golpeaban con palos. Me acerqué impulsivamente para pedirles que dejaran de pegarles y les advertí que uno tiene problemas en los pulmones. Por intentar pararlos me empujaron y me tiraron al suelo, y no contentos con eso ¡empezaron a golpearme!

 

Me detuvieron, a pesar de que les avisé de mi enfermedad cardíaca, me tiraron de los pelos y torcieron mi brazo para llevarme al móvil. Tampoco hicieron caso al reclamo de vecinos y vecinas que se habían acercado a ayudar. A mi marido lo tomaron del cuello y lo pusieron contra la pared, aunque él simplemente pidió que consideraran mi estado de salud.

Con el correr de los minutos llegaron cuatro móviles llenos de prefectos.

«Dale vieja de mierda, entrá», me dijeron mientras me subían al móvil.

 

Tuve miedo, no pude contenerme. Me hice pis encima.

 

Mientras tanto, ellos buscaban testigos que firmaran y corroboraran su versión de los hechos. No tenían otra forma de justificar el estado en el que se los estaban llevando: tenían la boca, los testículos y la nariz llenas de sangre.

 

Del pasillo donde pasó todo esto nos llevaron a una garita del barrio, en Avenida Iriarte al 1800, donde nos tuvieron esposados durante 4 horas. La angustia por estar en esa situación me generó un ataque de nervios que me impedía respirar. Llamaron al SAME y me medicaron porque tenía la presión alta. El médico le dijo a los prefectos que me sacaran las esposas, pero cuando se fue yo todavía seguía esposada, entre amenazas, maltratos psicológicos e insultos: “¿para qué trajiste a estas ratas inmundas al mundo?” me dijeron. A mi hijo le robaron la plata, una tarjeta SUBE y las cosas que llevaba encima.

 

Así nos tuvieron hasta 19:30 horas y nos llevaron a la Comisaría 30, donde estuvimos demorados 6 horas más.

 

Después de vivir este calvario, siento una bronca e impotencia absoluta. No fue la primera vez que nos tocó sufrir a nosotros un ataque de este tipo. El pasado 3 de octubre, la Prefectura casi mata a mi hijo con gas pimienta, durante un control poblacional. Le sacaron un vaso que estaba tomando y lo rociaron sin que él viera. Esto le causó un daño terrible y no pudo respirar ni tragar un largo rato, y así se manejan ellos, acostumbrados a trabajar con este nivel de impunidad con los pibes y las pibas o en este caso también con los viejos y las viejas.

 

Nadie se salva. ¿Quién nos protege de ellos? ¿Nos merecemos esto? Necesitamos un Control Popular sobre las Fuerzas de Seguridad para que dejen de pasar estas cosas. Y que todo el mundo sepa lo que pasa en las villas. Que conozcan el amedrentamiento, los golpes, los robos y el eterno hostigamiento de los que supuestamente están para cuidarnos.

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