18 enero, 2018
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Resistencia, contra el fraude piramidal

 

 

En plena Península de Valdés en Chubut, más precisamente en Puerto Pirámides, una localidad de 600 habitantes, ahí donde muchos tienen la suerte de ir a descansar eligiendo nuestra villa balnearia para vacacionar, existe un barrio: “El Predio de los Trabajadores”, que agrupa a quienes laburamos en empresas balleneras, limpieza de hoteles o en el rubro gastronómico.  

 

Nos llamamos el “Predio de los trabajadores” porque durante las temporadas turísticsa de verano e invierno, tenemos la necesidad de estar en un lugar fijo con nuestras familias, pues cada ingreso no alcanza para trasladarnos constantemente cuando la distancias son muy lejanas. Por esto estamos asentados alrededor de 20 familias, cada una con su parcela.

 

El municipio nos ubicó en este predio en el año 2012,  ya que años atrás ocupabamos otro, pero nos trasladaron porque necesitaban el espacio para que funcione el camping municipal.

 

En principio contábamos con espacios comunes, baños, agua, luz y las casillas rodantes donde vivir. Pero la desidia, la inoperancia, la ausencia municipal y provincial, fueron postergando a las familias, al punto que hoy en día el baño de mujeres lo utilizan como depósito, los tanques de agua no llegan abastecer a todos los vecinos y la luz irregular no duda en producir incendios.

 

Se vive en condiciones de hacinamiento, con una casilla pegada a la otra y sin posibilidad de construir o reformar nada porque nos inician demandas si lo hacemos, y no es una amenaza vacía: a una de nuestras vecinas, por haber levantado una columna, le comenzaron acciones legales. Estas tierras son municipales, la figura legal que nos dieron es la del comodato: es decir, tenemos el permiso para vivir allí pero no generan las posibilidades para mejorar nuestra calidad de vida ni tampoco permiten acceder a una vivienda propia. Estamos solos y está así pensado. Para que nos vayamos.

 

No nos dejan ampliar nuestra vivienda.

 

No nos dejan mejorar nuestra calidad de vida.

 

No nos dejan organizarnos entre vecinos y alzar la voz porque los que juegan a ser encargados del predio nos denuncian, confundiendo la organización con «disturbios». El brazo armado de esa situación es la policía, quiere meternos miedo, pero no lo lograrán: la bronca nos fortalece y nos convencemos cada vez más de que tenemos que pelear por nuestros derechos.

 

Y allí, en esa margen del Océano Atlántico, a orillas del golfo nuevo, que es tan grande como nuestras historias, decidimos conformar una asamblea poderosa,  para transformar nuestra realidad, para mejorar nuestras condiciones de vida,  para comunicar lo que sucede en nuestra localidad, y para dejar de estar invisibilizados. Estamos bien parados de manos aquí, en un predio ubicado detrás de un médano no apto para el turismo, que oculta a los que tenemos poco.

 

Pero vamos a gritar.

 

Y nos van a tener que escuchar.

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