4 abril, 2018
,

Profe, Usted me animó a seguir

 

* Por Dora Bravo,
alumna de Carlos Fuentealba.

 

Once años de injusticia, once años de dolor, once años de impunidad. Desde aquel horrible día no puedo dejar de pensar cómo nos han privado de sus prácticas pedagógicas, de su mirada y de su sentir hacia nosotras, sus estudiantes. Tampoco me cabe en la cabeza cómo pudo planificarse tan fríamente esa cacería de seres humanos que derivó en su asesinato. Pues ese 4 de abril estaba en casa con mis hijas, cuando sonó el teléfono y del otro lado me dieron la peor noticia: lo habían fusilado. ¡Justo a usted, profesor! Salí de casa corriendo desesperada, sin pensarlo, como por impulso, hacia el monumento a San Martín…

 

Al día de hoy, recuerdo cada una de sus clases en el Centro de Educación Media 69, ése que hoy lleva su nombre. Y no, nunca voy a olvidar esos trabajos en grupo, siempre con el mate como protagonista. Supo guiarnos, acompañarnos y contagiarnos sus ganas de aprender eternamente «algo más». Sin importar nuestra edad, ya que la mayoría éramos mujeres grandes, nos incentivó a ser un poco mejores, en cada paso. «Sólo se lo tienen que proponer, chicas, ¡ustedes son capaces!». Aquella tarde de 2006, cuando le rogamos que tomara las horas de matemática, ningún otro profesor quería venir durante el vespertino, porque el colegio estaba rodeado de asentamientos. “Sandra estudia de noche y debo quedarme a cuidar a mis hijas”, nos respondió, mientras nosotras moríamos de amor. Porque sí, muchas teníamos nenas chiquitas que llevábamos a las clases, y convivíamos con parejas violentas. Pero esa pequeña frase también nos enseñó: otro tipo de relación era posible.

 

La cotidianidad, los problemas económicos y la violencia familiar nos agobiaban. Sin querer, nos dejábamos caer. Pero ahí estaba usted, profe, siempre apoyándonos. Conocía perfectamente nuestros problemas, y no por habernos hecho un cuestionario el primer día, sino porque se preocupaba y ocupaba todos los días. Veía seres humanos en el aula, nunca números.

 

Callado, resguardado en su perfil bajo, cuando los chicos abandonaban el colegio, los iba a buscar. A todos, ¡a mí también! Una vez, estuve casi un mes sin ir a clase, y me insistió tanto a mí como a las autoridades, para que regresara. No sólo volví: terminé la secundaria gracias a eso, ¡gracias a usted! Cuánta impotencia, pensar que ya no está, saber a cuántos les faltará.

 

Hoy, después de 11 años, quisiera verlo un minuto para decirle que sí, que tenía razón. Que apenas era cuestión de proponérmelo. Que no sólo tuve los ovarios para dejar esa relación de mierda, ¡vencí al miedo que me consumía! Y ahora estoy estudiando para ser maestra. Sí, casi llegando a mis 50 años, sigo estudiando y aprendiendo, porque Carlos Fuentealba estuvo ahí siempre, animándome a seguir…
Usted no fue sólo mi maestro.
Usted es mi ejemplo.
Gracias.

Relacionadas

Comunidad originaria
21 febrero, 2021

LA CULTURA DEL DESALOJO

Patagonia
23 octubre, 2019

Subite a La Poderosa en la Patagonia

Neuquén
3 septiembre, 2019

«Me robaron lo más preciado, a mi hijo»