14 mayo, 2020
, Zavaleta

Ahora 9 casos en Zavaleta, otra villa, la misma historia

 

Ya no hay palabras para semejante desidia. Otra vez, la denunciamos. Otra vez, no escucharon. Y otra vez venimos a contar que acaba de pasar todo eso que obviamente iba a pasar. Hace 7 días, exactamente una semana, recibimos los dos primeros casos de coronavirus en Zavaleta, cuando una vecina llegó al Garrahan con su hijita, porque había levantado fiebre. Ambas fueron hisopadas y ambas dieron positivo. Al mediodía siguiente, tuvimos que ir a informar al CeSAC del barrio, para que iniciaran el protocolo de Contactos Estrechos, porque ya eran las 14 y todavía no habían recibido ni la notificación.
¿No serán los responsables quienes necesitan cursos de concientización?
Internadas las dos, quedaron en su casa, en la misma casa, otros 6 hermanitos más a cargo del mayor, de 19 años. Unas 12 horas más tarde, tuvieron el primer llamado telefónico del Gobierno porteño. Y recién al otro día, o sea, 48 horas después del diagnóstico de sus convivientes, recibieron por fin una caja de secos, que no contenía verduras, ni carne, acompañando al tardío «kit de limpieza», para esa vivienda que no hubiera tenido una sola gota de lavandina, de no haber sido por esa cultura comunitaria que todavía nos invita a soñar otra realidad, la ternura que contagia solidaridad.
La comida para los chicos, los productos de higiene y la asistencia integral quedó durante todo ese tiempo en manos de los propios vecinos, que garantizaron las condiciones mínimas para que pudieran sostener el aislamiento. Y una semana después, hoy, ahora, ¿adivinen qué? Por supuesto, dieron positivos todos los hermanitos, 6 nuevos positivos, auspiciados por el mismo silencio que inauguró la expansión en la 31, cuando lejos de salvaguardar a los padres de la «paciente cero», los condenaron al mismo calvario que hoy vive todo ese barrio, con 628 contagiados, toda la información tergiversada y nuestra compañera Ramona todavía intubada.
Ni se gasten en rastrear los nuevos casos de Zavaleta en el diario, porque no están y posiblemente no serán noticia, si no brotan contagios por ebullición. Y si sucede, nos explicarán que se trata de otro «foco», otro «bolsón», otra «propagación por la densidad», que sólo se trata de precariedad bien maquillada, la desigualdad naturalizada. Y si no, miren, «ahora crecen los números porque vamos a buscar el virus», te dicen, pero no te dicen que sólo van a buscarlo donde la curva de la desidia ya los arrastró, cuando el Bajo Flores alcanzó esos 140 contagiados que nos negaban y Retiro se volvió la terminal de las ambulancias que no entraban.
¡Basta!
No queremos ver más funcionarios cubriendo funcionarios, ni portavoces oficialistas de todos los gobiernos al mismo tiempo, ni pactos de silencio entre ciudadanos que tienen luz y agua todos los días, ¡no va más! La politiquería no es la denuncia franca de la realidad cruda que siempre han encubierto todos los intereses corporativos: la politiquería es el silenciamiento impune de la realidad, que no aceptamos ni aceptaremos como «normalidad», ¡nunca más! Exigimos respeto, el verdadero desarrollo del Detectar, los datos actualizados en todos los barrios populares del país, los alimentos que no entregaron, el protocolo que incumplen sistemáticamente y todos los productos de limpieza que debieran haber traído otrora, ¡cuando pedíamos desinfección para la prevención!
Ahora,
no cuando llegue la televisión.

 

 

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