4 abril, 2008
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Zavaleta corrio por Miguel

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El trote intrépido y escurridizo de Ronan iba enhebrando las diferentes cabezas comprometidas, hilando una frazada sobre los Lagos de Palermo, un enorme tejido social para proteger a la memoria de tanto tornado antinatural.

Los últimos dos domingos, en Zavaleta, la proximidad de la Carrera de Miguel había servido para hablar de quién fue Miguel. De por qué lo desaparecieron. De por qué hubo tantos Migueles. De por qué la familia de Miguel no puede verlo, ni llorarlo. De por qué la mamá de Miguel se murió esperándolo. De por qué hay decenas de miles de personas que cada año, en todo el mundo, corren por Miguel. De por qué todavía. De por qué nunca más.

Ronan había anticipado de antemano que no iría de paseo a la Carrera de Miguel. No quería participar de la marcha aeróbica de 30 cuadras. Ronan quería correr los 10 kilómetros. Y quería llegar. Y llegó.

Ronan tiene un año por cada kilómetro que corrió. Y de haber transpirado 200 gramos por cuadra, toda su fisonomía se hubiera desintegrado al llegar a la meta. Pero llegó sacando pecho, y del pecho una sonrisa, y de la sonrisa una boca enorme para atacar la botella de jugo. Ahí, en la rondita al costado del hipódromo, lo esperaban sus amigos de Zavaleta, cuando aterrizó 58 minutos después de haber salido. Fue entonces que se encontró con Chichilo, cerquita de Miguel.

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El andar cansino y cuidadoso de Chichilo iba reparando en las pequeñas escenas, iluminando los rincones mágicos y abandonados que suelen dejar atrás los que sólo miran al frente mientras corren, los que apenas pueden ver una meta, los que no han probado mirar alrededor.

Los últimos dos domingos, en Zavaleta, la proximidad de la Carrera de Miguel había servido para hablar de quién fue Miguel. De por qué corría hacia muchas metas. De por qué se exigía un compromiso social. De por qué luchaba contra las cosas que estaban mal. De por qué escribía poesías. De por qué la ausencia. De por qué la presencia.

Chichilo había anticipado de antemano que iría de paseo a la Carrera de Miguel. No quería participar de los 10 kilómetros, y más bien se conformaba con vislumbrar por un rato, desde la tutela sombría de una bondadosa copa de árbol, la emocionante vibración de un piso temblequeando por una sociedad en movimiento. Chichilo no quería correr. Y quería ya haber llegado. Pero el arco enorme de la partida, le partió la pachorra. Re corrió tres kilómetros, para volver a ingresar por el arco, sublimemente devenido en un arco de llegada. Y llegó, la hora de la fiaca.

Chichilo tiene un vagón de ternura por cada kilómetro que no corrió. Y de haberle ofrecido esperar a los corredores en la meta, gustoso hubiera cumplido con abrazarlos a todos. Pero no se lo ofrecieron, así que llegó temprano. Y ahí, en la rondita al costado del hipódromo, lo esperaban con un refresco sus amigos de Zavaleta. Fue entonces que se encontró con Ronan, cerquita de Miguel.

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3 comentarios sobre «Zavaleta corrio por Miguel»

  1. YO TAMBIEN HAGO ALGO SIMILAR A LO DE UDS.,SIN AYUDA DE NADIE.QUERIA VER SI UDS PODRIAN CONTACTARSE CONMIGO PARA BRINDARME INFORMACION PUES NECESITO COLABORACION PARA QUE ME AYUDEN.LAS TAREAS LAS REALIZAMOS EN UN CLUB DE BARRIO,ACTIVIDADES DEPORTIVAS Y LUEGO MERIENDA SE TRABAJAN CON CHICOS CARENCIADOS.

  2. me gustaria recibir informacion de las actividades que realizan para poder colaborar con un granito de arena, un abrazo

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