5 enero, 2017
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Víctimas de la seguridad

Ayer asaltaron a un compañero rosarino. Justo ayer, le robó «un menor». A la misma hora que subíamos nuestro descargo contra la cárcel para niños, un pibito adolescente apoyaba un revolver sobre el estómago de Natán, que nació en un barrio urbanizado, pero elige soñar todos los días desde «Los Pumitas». Ni por plata, ni por culpa, por convicción. Tal vez por eso, anoche, al volver a su casa, con el círculo de la pistola marcado en la panza, no quiso venganza, quiso escribir. Que no, que nadie debe morir. Y que la fianza para la impunidad de los ricos, no se pagará con la libertad de los chicos.

 

¿Por qué?

 

«Hace un rato me robaron a la salida del barrio donde milito. Nada de mucho valor, salvo un libro; la 3ra parte de Game of Thrones de George R. R. Martin (que robar libros no debería ser delito). La mochila que me había regalado mi hermano Bichito, el celular, y la billetera con algo más de 600 pesos, y tarjetas, carnets y documentos: quizá, la parte más engorrosa de todo esto, el trámite para volver a tener todo eso nuevamente. De más está decirles que no van a poder comunicarse conmigo por el celular, por lo menos por un tiempo.

 

 

Dos chicos, que seguramente no superaban los 14, 15 años. Uno de ellos, con un fierro; que me apoyó sobre la panza. El frío del caño del arma sobre mi piel es una sensación que quedará marcada por un rato largo, y que no será simple olvidar. Pero seguramente que el frío más fuerte, el más complicado, el que cala los huesos y el que te destruye desde pequeño, debe haber estado apuntando hacia el otro lado, hacia el lado de la empuñadura: hacia el chico que sostenía el arma.

 

Durante todo el suceso, y también el después, no dejaba de venirme a la cabeza una pregunta. Una pregunta que me inculcaron hace unos años unas personas que cambiaron mi vida para siempre.

 

¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?

 

¿Me preguntaba acaso por qué me robaron? Sí, claro que sí. Pero no me preguntaba el «Por qué a mí», sino el por qué de una situación tal. ¿Por qué un chico de 14 años tiene una pistola en la mano? ¿Qué nivel de violencia atraviesa tanto la vida de un niño como para que salga con una pistola? ¿Cuánto vale la vida de ese pibe, que considera que una opción válida es estar armado? ¿Qué situaciones atravesó en su vida para hoy estar agarrando el mango de ese revolver, y poniendo su punta en mis tripas? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

 

¿Qué te pasó, pibe? ¿Quién o quiénes te llevaron a esta realidad de mierda, que te empuja y te lleva a tener que hacer esto? ¿Cuánto de tu vida actual es producto de décadas de vaciamiento cultural, económico, social? ¿Cuánto de todo esto se hubiera evitado de no haber perdido a 30,000 imprescindibles? ¿Cuánto de todo esto sería distinto de no haber transitado tanto neocolonialismo? ¿Cuánto de todo esto hubiera sido un cachito diferente con una familia con trabajo, una pelota durante las tardes, una escuela piola, almuerzo y cena todos los días?
Y ahí entendí, que quien me apuntaba no eras vos.

 

Que la punta de ese caño frío en mi ombligo no la estabas apoyando vos. La estaba apoyando el Estado. El hambre. La desigualdad, la indiferencia, el capitalismo, la discriminación. La sociedad, sus leyes, su policía y su justicia. La «conquista» del desierto y la «conquista» de América.

 

Y ahí también entendí, que yo no estaba del lado más complicado del arma.

 

Hoy, en un día donde se ha hablado hasta el hartazgo de la baja en la edad de imputabilidad, donde se ha llenado de basura todos los canales y medios informativos; hoy, sí hoy, puedo decir que siempre me voy a encontrar del lado de este pibe que me robó, victima de esta perversidad perpetua, antes que estar del lado de los que la generan. No por conveniencia, no por demagogia: porque es el camino que elegí. Y aquí bancaré la parada. Por convicción política, por principios, por amor. Por mucho, pero mucho amor.

 

Pibe, ojalá pueda cruzarte alguna vez. Te prometo, no, no te lo prometo; te lo juro que hay otra cosa más allá de esto.

 

De verdad.

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1 Comentario;

  1. Queridos compañeros: Leyendo las palabras de Natán, recordé como sistemáticamente, nos bombardean con la «necesidad» de bajar la edad de imputabilidad. En 1999, le mandé una carta a Ruckauf, que batía el mismo parche y en 2004, con el caso Blumberg, volví reescribí esa carta, pero se la envié a Clarín, jaja. jamás publicaron nada. Así e s que todos los años desde mi lugar privilegiado de trabajo, soy docente en escuelas secundarias de sectores populares, leo la carta y debatimos con los chicos que, en muchas oportunidades ya tienen el discurso comprado de la necesidad de «mano dura».
    Gracias compañeros, la tarea que ustedes asumieron es ciclópea. Y para los que seguimos creyendo que «SÓLO EL PUEBLO, SALVARÁ AL PUEBLO», la tarea continúa, día a día. Otra vez GRACIAS. Y sepan que estoy a disposición pa’ lo que necesiten.

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